Comunicado final

¿Y si el otro no fuera un problema, sino el lugar donde empiezo a ser yo?

LAS COSAS GRANDES

SE CONSTRUYEN JUNTOS

La última edición de Encuentro Canarias se abrió con una pregunta: «¿De dónde volver a comenzar?». Esta pregunta, que no ha dejado de resonar en nosotros, nació al percibir un desconcierto generalizado en todo el mundo y al desear ayudarnos a reconocer dónde podemos apoyarnos para dar pasos constructivos, no sentirnos solos y avanzar.

Lo vivido allí nos permitió descubrir que este “volver a comenzar” no puede realizarse de forma individual, apoyados únicamente en nuestras propias fuerzas o estrategias, sino en la posibilidad de encontrarnos, de compartir el camino y sostenernos en relaciones humanas verdaderas, en las que podamos confiar.

El lema de la presente edición, «Las cosas grandes se construyen juntos», síntesis del pensamiento de la escritora italiana Natalia Ginzburg, recoge la convicción de que este “juntos” encierra una fuerza extraordinaria que puede seguir orientando el camino. De ahí nace el deseo de dar forma a lugares donde compartir la búsqueda y la experiencia de lo que es verdadero, bueno y justo. No hacen falta figuras heroicas, sino personas disponibles a implicarse con otros, ofreciendo tiempo, escucha y trabajo en las circunstancias y realidades que encontramos cada día.

En un tiempo marcado por el individualismo, el cansancio, el ruido y la incertidumbre, queremos dejarnos enriquecer por el bien que la historia nos ha transmitido y por las señales de novedad ya presentes entre nosotros. Esto se hace visible allí donde nacen vínculos auténticos de amistad y ayuda mutua; donde se cuida a quienes más lo necesitan; donde la familia redescubre su audacia cotidiana en el perdón y la entrega; donde el trabajo compartido genera creatividad incluso en contextos de dificultad; y donde la colaboración abre caminos nuevos allí donde parecía que todo estaba paralizado.

Hemos conocido personas y realidades vivas, cuyas historias concretas queremos compartir; relatos tejidos con nombres y gestos sencillos que, unidos y sin hacer ruido, sostienen el entramado de nuestra sociedad y alimentan una confianza renovada en la vida cotidiana.

Encuentro Canarias quiere ser un espacio abierto y en movimiento; un lugar donde la diversidad se convierte en riqueza; donde cada persona puede aportar su experiencia y donde la esperanza nace al descubrir que es posible trabajar con el otro.

Porque las cosas verdaderamente grandes no se imponen ni se levantan en soledad; surgen cuando se acepta el riesgo del encuentro y se decide, una y otra vez, caminar y construir juntos.

El lema de esta edición de Encuentro Canarias es: «Las cosas grandes se construyen juntos». Podemos elegir estar juntos y, al hacerlo, hemos descubierto la riqueza que nace de compartir esta experiencia.

Durante estos días se ha hablado de una epidemia de malestar que nos lleva a señalar a los demás como culpables: los padres, los inmigrantes, los políticos, los jóvenes… Esta actitud nos lleva a acercarnos al otro con desconfianza y dificulta el diálogo verdadero. Lo vemos en nuestra vida cotidiana, por ejemplo, en la familia, donde a veces pretendemos que el otro responda a nuestras expectativas. También lo vemos a escala global, donde la lógica del poder se impone al respeto de las normas internacionales.

Hemos descubierto que los límites y la vulnerabilidad no son obstáculos que debamos rechazar, sino parte de la vida. Afrontarlos requiere también saber pedir perdón y perdonar. Como nos recordó nuestro obispo, don Eloy, durante su participación en la mesa redonda Sinfonía humana, Locura o nuevo horizonte: «Pedir perdón y tener la capacidad de perdonar es una grandeza».

Necesitar de los demás no es una debilidad ni está reñido con nuestra autonomía; al contrario, puede ser una fortaleza. No se trata de que los demás definan quiénes somos, sino de que nos ayuden a descubrirlo. Hemos escuchado que abrirnos a los demás nos ayuda a construir un mundo más humano que si viviéramos centrados únicamente en nosotros mismos. Así lo hemos podido ver también en la exposición dedicada a la figura de san José Gregorio Hernández. Todo ello nos lleva a preguntarnos: ¿y si el otro no fuera un problema, sino el lugar donde empiezo a ser yo?

Durante el concierto de jazz hemos descubierto, además, la importancia de aprender de nuevo a escuchar y a escucharnos.

A lo largo de estos días nos hemos dado cuenta de que Encuentro Canarias es una experiencia que construimos entre todos. Para ello, necesitamos reconocer nuestros límites, aprender a escuchar, saber perdonar y descubrir el valor que los demás tienen en nuestra vida. Son aspectos fundamentales, no solo para lo que hemos vivido durante estos días, sino también para nuestras relaciones cotidianas.

Toda construcción necesita algo que mantenga unidos sus elementos. En nuestro caso, ese vínculo es la amistad, por la que hemos apostado y cuyos frutos hemos empezado a ver durante estos días. Lo hemos comprobado en el trabajo de los voluntarios y en la implicación de tantas personas. Esta experiencia nos muestra que lo que construimos juntos va más allá de la suma de las aportaciones individuales: nos une y nos abre al Misterio.